6pm, central café

I approach the busy waitress as she rummages through the screen of a computerised till, unsure whether the banter had been tip-induced, plain good nature or a beacon of hope.
>>”Do you speak English?”
<<“Yes”
>>”I find you beautiful”
<< ” … Thanks?”

***

12pm, dining at a friend’s

The unforseen results of abhorring cliché conversations. The very pretty redhead is looking at me awestruck, though not for my discreet handsomeness I later suspect: I am a chick killer (as in baby chickens) and a foot fetichist, prematurely deviant on both accounts too…

“Will we meet again?” I ask myself

***

3am, city club

Bankrupt after first drink.

***

5am, night bus

The insight finally descends:
“I am not getting a girlfriend in the foreseeable future, am I?”

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Not alone by far, naked, half-squatting on millimetres of space while scolded from above by a towel-swinging German matron (the caretaker, the steam-distributor) because my feet are touching the pine wood directly, and not resting on a towel as they should. Then not finding a free piece of towel to tuck under my feet. Obviously.

First experience in a public sauna

La madurez me ha cacheteado a través de mil detalles. Una diáspora de achaques se acoge a mis tejidos. Una marabunta de imperfecciones me acorrala desde más flancos de los que puedo atender. Ayer fueron unos vasos en la nariz, la semana pasada un nicho donde antes había encía; hace un mes, más frente de la que quisiera.

Me agarró el interés compuesto, el computador, la tortuga esmerada. Me aguaron la salsa, los japoneses me pescaron, me robaron el maletín mientras hacía una llamada. ¿Por qué no podía haber sonado una alarma a tiempo?

El verdadero problema es que quiero amiga y no cualquiera. Quiero las que estoy acostumbrado a querer. Aquellas en cuyo margen de error hace ya rato me encuentro. Estemos claros, estoy en su visión periférica, en la segunda opción del foco automático. Ayer caminando por mi cuarto tropecé ligeramente con una lámpara y el bombillo dejó de encandecer. Le quedaba un golpecillo de vida. Así está mi vanidad, presagiando la tacha que termine de mover la balanza.

¿Por qué no podía haber sonado una alarma a tiempo? ¡Hubiera tratado de hacer dinero!

El folleto dice que la misa tardará todavía un rato en empezar, pero a mi llegada el aforo calculado en veinte mil almas ya está ampliamente suscrito y despachado. Me conformo con un nicho en un extremo de la nave central, en la parte más alejada del altar, peleándome el espacio existencial con una pila de agua bendita.

Le echo la culpa a las hordas geriátricas, tan comunes en este país, seguramente acechando las puertas de la iglesia con horas de antelación. Andaderas entrelazadas con andaderas reflejando el débil brillo del cielo nocturno, esta vez, sólo por esta vez sin quejarse del frío. Me los imagino durante la tarde repartidos en los cafés de la plaza disfrazando con ganas de torta la afición al café bautizado. O tal vez la afición al azúcar y la crema pastelera con ganas de café. La mirada siempre clavada en los pesados listones de las puertas de la iglesia…

Me sorprende el comienzo de la música. La disfruto con convicción. Muevo las caderas para enseñar a los lugareños cuál es el lugar de la música. Me doy cuenta de que sólo estaban afinando los instrumentos. Miro de reojo pero nadie parece haberse percatado. En todo caso levanto la frente y recobro la compostura. En el proceso me golpeo la cabeza con una gárgola.

La ceremonia empieza. El clero llega y se posiciona en el altar: una procesión de por lo menos veinte túnicas. A alguien se le escucha decir que la misa la oficiará un cardenal. ¿Me dejaría besarle la bordadura a la salida? Entre el ambiente gótico, la música de órgano y los mendigos colados y ligeramente borrachos a mi derecha me siento en un espíritu medieval.

Esta gente definitivamente es experta en eso de la música sacra. Qué belleza de composiciones. Forman parte del legado de aquella ventana de imaginación que tuvieron un par de siglos atrás, justo antes de que se dieran con igual vehemencia a la tarea de avanzar las ciencias y las humanidades de la manera más aburrida posible: oscilando entre la abstracción agresiva y la pasión desbordada.

¿Cómo están mis viejitos allá enfrente? Hola, ¡esto es una iglesia! ¡Para dormir con compañía, el cine! (…)

25 de diciembre de 2012
Asunto: feliz navidad!!!

Hola mamá:

Fuimos a la misa de gallo en la catedral de G., que es muy bonita. Nos sorprendió encontrar la mejor vista al fondo de la iglesia. Nos gustó la ceremonia y la música, el único detalle que empañó un poco la experiencia fue quedar detrás de un señor que se obstinaba en disfrutar la música como si una iglesia gótica tuviera algo que ver con una playa brasilera. Por no hablar de sus descaradas miradas a las «espaldas» de las feligresas. Menos mal que una pila de agua bendita nos garantizaba un campo visual magnífico. Te mando fotos de la cena más tarde.

 Cariños a todos,

L.